La película del mes

Rincon de cine (2)

ATENCIÓN: LA PELÍCULA DEL MES A PARTIR DE AHORA ES SÓLO PARA PADRES.

JULIO 2014 – EL HIJO DEL OTRO

Título original: Le fils de l’autre. Dirección: Lorraine Lévy. País: Francia. Año: 2012. Duración: 105 min. Género: Drama. Interpretación: Emmanuelle Devos (Orith), Pascal Elbé (Alon), Jules Sitruk (Joseph), Mehdi Dehbi (Yacine), Areen Omari (Leïla), Khalifa Natour (Saïd). Estreno en España: 6 Junio 2014. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.

En el Festival de Tokio del 2012 ha sido premiada como la mejor película y el mejor director. Nos llega a nuestras pantallas en junio de 2014. El argumento recuerda a la última joya del director japonés Hirokazu Kore-Eda, De tal padre, tal hijo, pues el origen del problema que se plantea en ambas películas es idéntico: el intercambio de niños en dos familias en el momento de su nacimiento. En ambas se hace un retrato humanista y observacional del desmoronamiento social y familiar que puede azotar a estas familias por esta severa negligencia médica. En ambas, además, queda patente que la paternidad y la filiación genéticas marcan a la persona y que su manipulación, aunque sea accidental, afecta a la identidad, con unas consecuencias que, según la educación y las circunstancias pueden canalizarse de un modo o de otro.

El film de Lorraine Levy no se queda, como en el caso del director japonés, en el cuadro familiar sino que se expande hacia todo un pueblo y toda una etnia con su carga ideológica. No estamos ante dos niños, sino ante jóvenes con personalidades definidas y con planteamientos de su vida. De una manera conmovedora, la directora se atreve a evocar y escarbar el conflicto emocional de sus protagonistas: los chicos, sus padres, sus hermanos, sus amigos y, además, el conflicto Palestino-Israelí.

Lorraine Levy propone una visión optimista con este film, en el que transversalmente aparece una gran crítica social ya que todos  se ven envueltos en el conflicto surrealista de que tu hijo, o tu hermano, o tu padre, es tu enemigo; temores, vergüenzas y alegrías se ven reflejados en excelentes diálogos y actuaciones. El intento por alzar la voz de la aceptación, e incluso de la reconciliación en las dos partes implicadas va desarrollándose a lo largo de la película. Destaca en el recorrido del metraje la facilidad con la que se cambia el registro lingüístico, pues aparece el inglés, el francés, el árabe y el hebreo, que es también una manifestación de la ductilidad entre unos y otro que, con un equilibrio digno de admiración se mantiene la tensión patriótica con el humanismo acogedor de la amistad y de los núcleos familiares.

La película comienza cuando Joseph se prepara para entrar en el ejército israelí y, por su grupo sanguíneo, se descubre que no puede ser hijo de sus padres. Se tramita la investigación llegándose a la conclusión  de que, al nacer, hace dieciocho años, hubo un bombardeo en Haifa y una enfermera, en el intento de salvar a dos bebés, accidentalmente los intercambia; así Joseph, hijo de una familia palestina que vive en los territorios ocupados de Cisjordania, pasa a ser el israelí, y  vivirá en Tel Aviv, mientras que Yacine, el israelí, pasa a ser el palestino. El rechazo, la duda, la pérdida de identidad, los prejuicios de raza y religión se erigen como espinosa barrera en sus vidas, y todos deberán intentar superarla a través de la comprensión, la amistad y la reconciliación en una atmósfera dominada por el miedo y el odio.

Dada la complejidad del conflicto paletino-israeli, la película nos parece valiente y sabe dar un enfoque adecuado al problema, sin entrar en disquisiciones políticas nada más que ante lo arraigado que está en estos pueblos, y por ellos en estas dos familias, la virtud del patriotismo; a su vez, los lazos de sangre no tienen porqué interponerse al defender los vínculos patrióticos. En la película vemos como se  desarrolla esa lucha entre lo que es permanente y la necesidad de nuevas actitudes de apertura ante la realidad que se presenta. Se disfruta de una historia que no cede a lo lacrimógeno, también por la elegancia y la habilidad de los protagonistas.  Las interpretaciones desgarradoras, que  introducen al espectador en una lección irresistible de magnanimidad y de cercana tolerancia, pues cada protagonista tiene una lucha interior enorme consigo mismo y una maravillosa sensibilidad para ponerse en el lugar del otro. El hermano “palestino” (en realidad israelí) que ayuda a vender helados. El” israelí” (en realidad palestino), que posee  la sensibilidad musical de su verdadero padre y es capaz de cantar en un momento de gran tensión. El beso furtivo de una madre a su auténtico hijo. El abrazo del no padre a su hijo palestino, diciéndole que siempre será su hijo. En definitiva, la evolución de los personajes ante la  nueva situación desvela lo mejor de la personalidad de cada uno. Así dirá Yacine: “Yo soy lo que soy y lo que quiero”. Son personajes reconocibles, que palpitan de vida y de verdad. Es sorprendente como la directora y co-guionista logra introducirse en la intimidad de estos chicos cuando deciden conocer su auténtico pueblo, y  cuidadoso  respeto ante lo que parece nuevo, pero cuyas íntimas raíces desconocidas,  también afloran. Y nunca, en los protagonistas, se ve muestras de rechazo ni a lo otro, ni  a los otros.

Lorraine Levy expone la situación, sin elección, para que el espectador tenga su propia visión y asimile la nueva realidad de dos familias inocentes que no tienen la culpa de lo sucedido. Con un margen de acción y opinión muy amplio para el público es rodada con gran acierto, exhibiendo dos culturas enfrentadas que confraternizan por causas ajenas a su propia voluntad. Entretenida e instructiva, de varias y diversas lecturas es, como expresa uno de los protagonistas y que resume muy bien lo que se pretende evidenciar: “Isaac e Ismael, los dos hijos de Abraham”. El problema para Joseph será cuestionarse su judaísmo principalmente. Mientras que para Yacine, un poco más abierto, su nueva identidad es quizás más un puente que un problema.

El tema de las relaciones entre Israel y Palestina, que se prolonga durante décadas y cuyo resultado es aún incierto, ya ha sido tratado en el cine (Por ejemplo, Paradise NowThe Bubble o Los cerdos tienen alas).  Pero en la película que comentamos, hay una acción claramente reparadora,  que aboga por la paz, que al plantear el problema, observa, muestra y acompaña las reacciones de cada miembro de estas familias y, muy particularmente, nos ayuda a ver la actuación de ambas madres, dispuestas a integrar, acoger, abrazar, disculpar y muchos verbos más a sus hijos, el natural y el recibido.

Este film que apela a la sensibilidad y al gran tema universal que es la aceptación del otro. Hay que alabar la sutilidad y entereza que se muestra en todo el metraje, la cámara sigue a los personajes principales con gran sigilo pero observando sus miradas y movimientos. Quizás se puede definir El hijo del otro, como un drama intimista en el que interviene la cultura y religión, y en el  que se defiende el lugar del amor y de la propia identidad personal.

JUNIO 2014 – EL CAMINO DE VUELTA

Película: El camino de vuelta. Título original: The way, way back. Dirección y guion: Nat Faxon y Jim Rash. País: USA. Año: 2013. Duración: 103 min. Género: Comedia dramática. Interpretación: Steve Carell (Trent), Toni Collette (Pam), Liam James (Duncan), Allison Janney (Betty), AnnaSophia Robb(Susanna), Sam Rockwell (Owen), Maya Rudolph (Caitlin), Rob Corddry (Kip), Amanda Peet (Joan). Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.

Estamos ante una película de toque Indie, de los mismos estudios de Pequeña Miss Sunshine y Juno. En este caso, es una interesante fábula sobre la madurez, sobre las oportunidades que a todos suelen llegar y que sólo se consiguen si estamos abiertos a recibirlas. Por ello, la evolución, a lo largo de la película, de la personalidad y actitud de nuestro protagonista, Ducan, no resulta simplemente amena, que lo es, sino muy interesante, conjugándose, además, drama y comedia con reconocible ligereza y con dosis de amargura. Destaca la facilidad con la que aparecen la personalidad y las carencias de cada personaje, con la naturalidad de la vida misma. Se disfruta de unas magníficas interpretaciones, que abarca desde lo más cómico a lo dramático.

Es una historia casi demasiada real en la que junto con sus escarceos frívolos y quizás no todos necesarios, aporta matices dignos de considerar ante la situación de un tímido chaval de catorce años, que tiene que lidiar no sólo la separación de sus padres, sino también la relación con el nuevo novio de su madre. Es decir, un adolescente de hoy, con su natural sentido moral, con la necesidad de tener un padre que le marque, le quiera, le oriente y le abra el camino. Todo eso lo va a comenzar a encontrar de un modo inesperado.

La película transcurre durante unas vacaciones estivales en las que conviven Ducan, su madre, el dominante novio de ésta, y su hija, y la temática podría ser ¿qué está pasando en el interior del protagonista? Da la impresión que el chaval necesita o espera tener a alguien a quien seguir, a quien imitar, o simplemente con quien hablar; pero no encuentra a su alrededor esta natural necesidad. Si los catorce son una edad complicada ─ni estás aquí, ni estás allí, a punto de ser consciente de ti mismo verdaderamente─, aquí también se nos muestra que no sólo a los catorce, sino que, en general, es complicado pulular por este mundo sin amigos y sin ayuda. En este momento de su vida, el introvertido Ducan, al que le cuesta, tanto por su carácter, como por su edad y por supuesto por las circunstancias, sentirse integrado, en el ambiente playero del parque acuático, Water Wizz, descubrirá y comenzará su amistad con Owen, el extrovertido director de dicho parque y en el que la ternura hacia los niños, envuelta en un peculiar sentido del humor y de la compasión, serán mucho más que su refugio. A través de esta divertida y furtiva relación de amistad Ducam se va abriendo poco a poco y empieza a encontrar por fin su lugar en el mundo; todo ello durante un verano que nunca olvidará. La película no será memorable y quizás recordada, pero sabe conjugar drama y comedia, con unos diálogos muy atinados. Unas vacaciones veraniegas, en la que los adultos manifiestan no se sabe qué, pasando la mayor parte del día alrededor del alcohol, e incluso de alguna hierba; en realidad nos enseña el devastador panorama que queda en las relaciones de adultos cuando la volubilidad, los divorcios y poco más traman su existencia.

En este entorno repleto de verdades y contrastes de opinión en un marco idílico y extravagante, nada mejor que un gran reparto para adornar el viaje emocional de unos y otro. Es decir, “El camino de vuelta” que será largo, pero hay que recorrerlo.

MAYO 2014 – GRAVITY

“Gravity” – 2014

Película 2D y 3D: Gravity. Dirección: Alfonso Cuarón. País: USA y Reino. Año: 2013. Duración: 90 min. Género: Ciencia-ficción. Interpretación: Sandra Bullock (Dra. Ryan Stone), George Clooney (Matt Kowalsky). Guión: Alfonso Cuarón y Jonás Cuarón. Estreno en España: 4 Octubre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

El cineasta mexicano Alfonso Cuarón ha estado siete años sin dirigir cine para atender a su hijo pequeño, que padece autismo. Ahora, ha regresado a lo grande con Gravity, una obra maestra de la ciencia ficción y los efectos 3D, en la que nos invita a una espectacular experiencia cinematográfica más allá de los límites de nuestro planeta. Se ha dicho que el 3D nació para películas como ésta. A través de la angustiosa odisea de los dos astronautas protagonistas se articula una preciosa parábola sobre la fragilidad y la fortaleza humanas, el instinto de supervivencia, la capacidad de superación ante las adversidades y el sentido del sacrificio, abierta además a la trascendencia a través de sutiles detalles de ambientación -una estampa de San Cristóbal, una pequeña estatua de Buda…- y de una conmovedora declaración de la agnóstica y brillante ingeniera Stone ante su posible muerte inminente.
Sandra Bullock interpreta a la doctora Ryan Stone, especializada en Medicina, y que realiza su primera misión en un transbordador. Su trabajo consiste en instalar un nuevo sistema de escaneado al telescopio Hubble. Le acompaña el veterano astronauta Matt Kowalsky (George Clooney) al mando de su último vuelo antes de retirarse. Pero en un paseo espacial, aparentemente de rutina, se desencadena un auténtico desastre, ya que por efecto de la basura generada por un satélite soviético obsoleto el transbordador queda destruido, dejando a Stone y Kowalsky completamente solos, incomunicados y girando en la oscuridad espacial. No ocurre todo en un instante, ni es previsible como va a evolucionar la catástrofe –que realmente llega a los límites de lo imprevisto. Por ello, el miedo se convierte en pánico cuando cada bocanada va terminando con el poco oxígeno que les queda. Van trabajando todas sus experiencias y posibilidades técnicas; llega un momento en que ven que el único modo de volver a casa es intentar llegar a la Estación Espacial Internacional (ISS) con los limitados propulsores de sus mochilas. La intensidad dramática va siempre en aumento, y lo que a veces la suaviza, son los inteligentes golpes de humor de ambos protagonistas y, además, el marco de la película, de una excitante y espléndida belleza fotográfica. Más de un espectador puede sentirse él también perdido como los protagonistas, en esos inmensos espacios galácticos. Gravity apunta hacia el horror de la soledad total y hacia el desconcertante dolor de la certeza de una muerte que merodea en cada segundo. Pero ahí, en el film, es donde se palpa el afán universal de los hombres en su lucha personal por superar circunstancias adversas, bien sean físicas o anímicas y, muy particularmente, la tendencia a sobrevivir. Como ya hemos apuntado, el espectador se siente atrapado por los mismos obstáculos que encuentran los protagonistas sobre todo, la Doctora Stone. Se captan y se pueden compartir sus variaciones en el estado de ánimo. Como dicen los buenos críticos, con Gravity, Cuarón viaja al firmamento para traernos una de esas estrellas que el cine nos ofrece de vez en cuando, y para decir al mundo de los humanos que hay que agarrarse a la vida, en la Tierra y en las Galaxias… porque la gravedad puede hacer que las cosas pesen y que cueste mantenerse en pie, pero también que es una oportunidad para superarse y elevar la mirada por encima de las dificultades
Si épica e increíble es la odisea de la doctora Stone en su lucha con los elementos adversos tan inesperados con los que se encuentra, más admirable es aún la que tiene que tiene que librar en su interior. Hay momentos en que desea sucumbir, pero es también capaz de seguir esforzándose para volver a engancharse a la vida, para acudir al cielo y rezar -aún diciendo explícitamente que nadie le enseñó a hacerlo-, para entender que no perdió a su hija para siempre (una niña de cuatro años, la única que tuvo) sino que está allí esperándola… y que ahora quiere que su madre viva. Por todo ello, aunque la capacidad para administrar el oxígeno que tiene en cada momento se convierte en una tarea tan difícil como la de esquivar la chatarra espacial o agarrarse a lo que encuentre a mano para no dejarse arrastrar, lo que se vislumbra y el buen espectador debe captar es que esa entre la persona y el espacio cobra fuerza metafórica en la que triunfa el valor ontológico y ético de la persona, precisamente a través de una historia profundamente humana entre los desafíos de la técnica.
Al final, la doctora habrá aprendido a valorar positivamente la gravedad y la adversidad -magnífico plano en la playa, esforzándose por ponerse en pie-, y también a mirar de frente a un pasado que la empuja a vivir el presente. Rica en sus planteamientos antropológicos sin perder por ello la sencillez narrativa, casi perfecta en su factura técnica y magistral en el uso de las 3D.La última palabra que oímos en una banda sonora imponente es gracias. Resumen perfecto de una vida.
Recibió muchísimos premios; entre ellos, 7 Oscars: director, fotografía, montaje, banda sonora, edición de sonido, mezcla de sonidos y efectos visuales.

ABRIL 2014 – OCTOBER BABY

“October Baby” – 2013

Película: October baby. Dirección: Andrew Erwin y Jon Erwin. País: USA. Año: 2011. Duración: 107 min. Género: Drama. Interpretación: Rachel Hendrix (Hannah), Jason Burkey, (Jason) Jasmine Guy (Mary), John Schneider (Jacob), Jennifer Price (Grace), Collenn Trusler (Alanna). Estreno en USA: 28 Octubre 2011. Estreno en España: 12 Abril 2013.

Hace ahora un año se estrenaba en España la película que aconsejamos para este mes. En este tiempo en el que el tema del aborto ha adormecido tantas conciencias y ha desdibujado la sacralidad de cada vida, nos encontramos con October baby, basada en hechos reales, en donde la apuesta por la vida, desde distintos personajes y desde distintos ángulos, llena la pantalla.
Aparece el tema del aborto, también el de la adopción, el de las consecuencias de ambos; más importante que esos enfoques, destaca -en palabras del experto Rodríguez Chico, “que nos habla de la necesidad de conocer la verdad de uno mismo y saber perdonar para llegar a ser auténticamente libres” ¿no es realmente esta realidad la auténtica apuesta por la persona?

El argumento se desarrolla a partir de que Hannah, una estudiante de 19 años, está actuando en el escenario, en la obra preparada por los estudiantes en la fiesta de fin de curso y, de modo inesperado, sufre quizás un ataque epiléptico; al ser ingresada en el hospital el diagnóstico muestra en esta jovencita una serie de carencias físicas y emocionales, ante las que ellas se plantea una explicación, una búsqueda de su realidad. A partir de este episodio para Hannah, de algún modo, todo está en contra: monta en cólera contra sus padres porque le ocultaron la verdad; reniega y sufre al reconocer que su auténtica madre no la ha querido puesto que ha intentando no sólo librarse de ella sino matarla; y además, está en desacuerdo con ella misma, pareciéndole que nadie la quiere y que en definitiva, en este mundo todo es mentira. Y, en contra de la opinión de todos, emprende un viaje para intentar encontrar a su madre biológica y pedirle una explicación. Llegará a saber quién es, a verla, pero no a dialogar con ella, lo que no impide, que termine expresándole que la perdona.

Esa búsqueda, a veces desconcertante, casi siempre dolorosa pero con destellos de luz, abre a Hannah nuevos modos de afrontar su vida, en los que el espectador, en parte expectante, va haciéndose cargo de la situación de Hannah, de sus dolores y sus luchas, y también de las actitudes y situaciones que se crean en las personas que rodean a esta joven: amigos, padres adoptivos, madre biológica.

Hannah es desconocía que era adoptada y, al enterarse, reacciona con una gran desconfianza y con resentimiento con sus padres adoptivos. Y se decide, por encima de todo, buscar a su madre natural. Hay giros narrativos que ayudan a no hacer del tema una historia lacrimógena, perdiendo su auténtico interés y, a su vez, hay unos guiños estupendos en el modo de comportarse personas a las que Hannah encuentra en su camino: un policía honrado y comprensivo, una enfermera arrepentida y valiente, la adecuada actuación del sacerdote católico, la discreción y el encanto del amigo, Truman, etc., Todo eso contribuye a esculpir la verdad de la vida, que es muy bella si, claro está, se aprende a mirarla como hay que hacerlo, desde la verdad comprensiva, desde la lucha necesaria, desde la ayuda mutua. Es una película que pertenece al cine americano independiente y, en este sentido, a veces, es algo artificiosa en las soluciones, o forzada en situaciones, pero esto es “pecata minuta” junto a todo lo que aporta.

También dirá Rodríguez Chico que “la película no se queda en un planteamiento pro-life, sino que pretende ir más allá y por eso nos ofrece un segundo final en el que busca sanar el alma de cada personaje. El director respeta y no juzga a ninguno de ellos, presenta la redención individual como una realidad posible en cualquiera de sus circunstancias y consigue imprimir un tono constructivo y luminoso a tanto drama existencial. Estamos, en definitiva, ante una road movie para un público al que se le abren perspectivas de tolerancia y sacrificio, en el sentido más hondo y humano”.

Los directores de October baby -los hermanos Jon y Andrew Erwin- llevan años dedicados al mundo audiovisual. Su identidad cristiana la recrean en esta ocasión al narrar en parte la vida de la californiana Gianna Jessen, nacida en 1977. Gianna vivió como consecuencia de un aborto quirúrgicamente mal realizado. En la realidad ella ha sufrido diversas deficiencias motoras que ha ido superando gracias a la ayuda humana y sobrenatural de su madre y hermana adoptivas. Los cineastas, en la película, han variado las circunstancias, conservando los aspectos centrales de la historia, han incluido una canción suya en la banda sonora, que, por cierto, es muy bonita. La película engancha porque el guión es bueno, además de actual. Destaca además que estamos ante unos excelentes actores que, por cierto, la mayoría, son desconocidos.

Se trata de una película militante y en Estados Unidos, como era de prever, tuvo su controversia, pero la realidad es que ha tenido un gran éxito de taquilla en Estados Unidos y Canadá. La producción es modesta, la planificación televisiva y la historia -la manera de contarla- es previsible. Pero tiene a su favor una cosa que se llama autenticidad, todo en ella suena a verdad, los personajes, las situaciones y la propia historia de Hannah. Las peripecias, por las que Hannah pasa, son, en la mayoría de los casos previsibles; aún así, el final, coherente, da una magnífica lección: para ser felices hay que perdonar y hacerlo del todo.

FEBRERO 2014 – NEBRASKA

“Nebraska” – 2013

Película: Nebraska. Dirección: Alexander Payne. País: USA. Año: 2013. Duración: 114 min. Género: Drama. Interpretación: Bruce Dern (Woody Grant), Will Forte (David Grant), June Squibb (Kate Grant), Bob Odenkirk (Ross), Stacy Keach (Ed), Mary Louise Wilson (tía Martha), Rance Howard (tío Ray), Tim Driscoll (Bart). Guión: Bob Nelson. Estreno en España: 7 Febrero 2014. Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

La  última  película  de  Alexander  se  presenta  como  candidata  a  seis  Oscar:  aún  no sabemos qué  pasará,  pero,  en  opinión  de  cinéfilos,  los  merece.  Payne  nos  tiene bien acostumbrados, pues en  su variedad argumental, nunca  falta ni la atención a lo específicamente humano ni a su estilo propio y sugerente. Recordemos  “A propósito de Smith”, “Entre copas” o “Los descendientes”. Su cine no se agota, sino cada vez evoluciona hacia planteamientos más interesantes. De hecho se va difuminando un estilo en cierta manera caricaturesco de sus personajes, y los perfila más reales e interesantes. Nebraska se eleva por encima de sus predecesoras y se ha llegado a decir que es “la joya del año”, por su delicadeza que abarca desde el paisaje gris, a la música a veces alegre, y a los personajes tan tiernos y cómicos. Para el crítico Orellana la singularidad de la película reside en cómo está contada; ese tono que hace que el espectador se ría de los personajes mientras tiene la sensación de que el director no lo hace. Enlaza humor irónico y humanismo en el que se entrelazan el estilo de Frank Capra o el de John Ford, pero sin renunciar a las señas de identidad de nuestro tiempo. De Capra resuenan los personajes tan angelicales como mundanos; de Ford la Impotencia de un paisaje marcado por la lucha y la supervivencia.

Nebraska, que es la ciudad de nacimiento de Payne, tiene la originalidad, últimamente empleada por otros directores, de ser una cinta en blanco y negro, lo que hace elogio al cine-cine. Es una película minimalista, además de costumbrista, sencilla y narrativa.

Se relata la decisión tomada por el anciano Bruce, al recibir una carta en la que se le comunica que ha sido agraciado con un premio de un millón de dólares. La carta es la típica estrategia comercial engañosa, empleada para una empresa para conseguir clientes, mostrando concursos falsos, que casi todo el mundo reconoce, pero no Bruce; no hay quien le convenza; nuestro protagonista alberga el sueño de adquirir una camioneta, y piensa que esta es su oportunidad. Se plantea por ello hacer el viaje desde su lugar de origen, Billing (Montana) hasta Lincoln (Nebraska). Bruce es alcohólico y va presentando los primeros síntomas de demencia senil, con su dosis de utopía y de tristeza. Aparece en la película la permanente relación paternofilial. Esta vez la dialéctica consiste en disuadir al anciano de este proyecto. Pero por mucho que insiste, como no está dispuesto a ceder, el hijo decide acompañarle, también por el motivo conmovedor de la compasión que siente por su viejo padre, y por la realidad más vulgar que en el pueblo en el que viven, -pertenece a la América profunda- no hay en realidad nada imprescindible que realizar. Destaca la interpretación grandiosa de June Squibb (Kate Grant), que tiene 84 años, y es la esposa del protagonista de esta película, el actor Woody Grant (Bruce Dern). Kate actúa con su espontaneidad y  rudeza, pero con una terrible  capacidad  práctica y  un  sentido  común  que  temen los  habitantes  del  pueblo que están dispuestos a beneficiarse de la posible fortuna de Bruce.

Solamente  dos  personales,  padre  e  hijo,  ocupan  el  mayor  contenido  fílmico,  y  un paisaje,  que  el  director  sabe  modelar.  Todo  respira  sencillez  y  una  larga  y  profunda
mirada hacia la vez y también a las carreteras americanas. Pues padre e hijo recorrerán estas carreteras del medio oeste americano hacia Nebraska, haciendo una parada en el pueblo en el habían vivido tiempo.

En el viaje padre hijo van  redescubriendo dimensiones importantes de la vida, en los que el blanco y negro y una acertada escala de  tonos grises enmarcan certeramente lo afectivo y lo efectivo del vivir, donde cuenta que aquí solo estamos caminando y de paso. Por otra parte, no hay que descartar que nuestro anciano no  sepa en  su  fuero interno  que  se  trata  de  una  estafa,  pero  que  él  necesita  creérsela,  para  salir  de  sí mismo y, paradójicamente, para entrar también en él. Padre e hijo pueden compararse con  las  figuras  de  Don  Quijote  y  de  Sancho;  y  el  buen  Bruce  también  nos  recuerda a  Alvin  Straigh,  el  protagonista  de  “Una  historia  verdadera”.  En  todos  estos  casos  el camino  recorrido es  también un camino interior, el que  todos  recorremos en la vida, con metas  definidas,  como metas  posibles,  con  puertas  que  se abren  y  otras  que  se cierra.

Se puede intuir que hay no sólo un viaje hacia el futuro, sino que se complementa con otro  hacia  el  pasado,  y,  entre  ambos,  se  da  el  descubrimiento  del  hijo  por  el  padre y  del  padre  por  el  hijo…  todo  transcurre  en  una  atmosfera  profundas  que  rezuma sana melancolía, a veces algo patética, otras llenas de buen humor. El viaje al pasado, aunque ya sepultado, subyace en el trasfondo del relato; así hay imágenes muy bellas que  suponen  también  la  historia  de  Estados  Unidos,  como  una  especie  de  paisaje artístico entre las carreteras y las personas que las recorren.

El  ritmo  tiene  una  cadencia  adecuada:  tiempo,  paisaje,  ánimos  crean  una complementariedad,  que  se  manifiestan  en  silencios,  lentitud,  cierto  pudor  gestual y  parquedad  de  palabras.  Como  se  ha  dicho  para  ocasiones  similares  “menos  es más”. Mucha  hondura  hay en esta  película  sobria  y  sencilla  y  tan  auténtica.  Sólo  un gran  cineasta  es  capaz  de  contar  esta  historias  y  sacarla  tanto  resplandor  con  una naturalidad envidiable. No hay magia, ni melodrama en el sentido peyorativo, hay un sentido dramático formidable y una mirada compasiva sobre la grandeza de la persona humana. Si, si Capra o Ford vivieran ahora, podrían haber hecho esta película.

ENERO 2014 – DE TAL PADRE, TAL HIJO

“De tal padre, tal hijo” – 2013

Título original: Soshite chichi ni naru. Título internacional: Like father, like son. Dirección y guion:Hirokazu Koreeda. País: JapónAño: 2013. Duración: 120 min. Género: DramaEstreno en España: 29 Noviembre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­La familia, los temas infantiles y saber dirigir a niños constituyen pilares fundamentales en la filmografía de Hirokazu Koreeda. A modo de ejemplos paradigmáticos, recordemos alguna de sus anteriores películas. Así, Nadie sabe (2004) -basada en el caso real, ocurrido el año 1987 sobre niños abandonados-; Caminando (2008) – toda la película transcurre en poco más de un día en el que dos hermanos, casados y con sus hijos, visitan a sus padres recordando la muerte trágica de otro hermano-y Milagro (2011) -que nos ofrece una visión de la infancia como terreno de incontenible exploración y aprendizaje sentimental-. En todas ellas, aparece la idea y la realidad de la infancia y sus encantadoras manifestaciones, sin alejarse de situaciones comunes o curiosas de la vida familiar y social; aprovecha para ello, el contexto de la propia realidad circundante.  Con De tal padre, tal hijo, Koreeda -director y guionista- mereció el Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2013 y también el Premio del Público en el Festival de San Sebastián del mismo año.  

Está basada en una historia real. Ryota y Midori forman un matrimonio joven con una vida en apariencia perfecta. Él es un prestigioso arquitecto, en parte obsesionado con su trabajo, que tiene solvencia económica como para que su hijo Keita vaya a una prestigiosa escuela y no le falte nada en términos materiales. Todo lo que Ryota tiene, se lo ha ganado trabajando duro y está convencido de que nada puede estropear su perfecta vida. Su padre, un día huyó de casa dispuesto a forjar un hogar perfecto y que acabó levantando un hotel con una mujer sin vida propia y un hijo sin sueños ni risas. Quizás por esa influencia vemos que Ryota no dispone de tiempo para estar en casa; Midori y Keita son quienes conviven unidos por la ausencia paterna, y el pequeño se va formando bajo una educación independiente. Estamos ante una familia modelo dentro de la vida cotidiana. Pero reciben una llamada inesperada del hospital en el que seis años antes había nacido Keita. La siguiente escena es en el hospital, donde se plantea la premisa que vertebra la película: un análisis rutinario de sangre, pedido por el colegio, desvela que Keita no tiene relación genética alguna con Ryota y Midori. Keita fue cambiado por Ryusei . Viene el conocimiento y trato con la otra familia. Ambas familias se conocerán, y surge el dilema de si deben dejar las cosas como están, o poner a los chicos bajo la tutela de sus auténticos padres. Dilema intensificado porque uno y otro hogar son muy diferentes. En el primero, aparte de contar con un solo hijo, dominan el esfuerzo y la disciplina. El otro lo forma una familia modesta y numerosa, con menos sobreprotección y más humanidad.

La formación y situación económica de ambas familias no puede ser más diferente, y a la exigencia y disciplina de un Ryota que aspira a que su hijo se le parezca y triunfe en la vida, se opone un Yukai que es ingenuo y principalmente solo busca disfrutar en un ambiente familiar sin tensiones. Aunque las soluciones al grave error cometido son varias, y se plantean la indemnización del hospital, la tutela (o compra) de ambos niños por Ryota-Midori, y la restitución de los niños a sus padres biológico a Koreeda le interesa sobre todo hablar de que supone la verdadera paternidad.

Si, el amor filial se construye también en el tiempo. Este un joven padre, Ryota, debe aceptar que su auténtico hijo es aquel que, aún sin ser de su propia sangre, ha criado durante seis año; en el Japón de hoy día, se valoran mucho los vínculos de la sangre, pero genes y amor no siempre van unidos directamente. Estamos pues ante una honda y serena reflexión sobre la paternidad, y en la que asistimos al proceso redentor del protagonista masculino sin caer en trampas sentimentales o la discreta y penetrante presencia de las correspondientes madres.

Ryota que comienza planteándose el problema del intercambio analizándolo desde su propio punto de vista y buscando sus propios objetivos con el niño, para terminar cayendo en la cuenta de que hay que colocarse en la piel de su padre -gran lección le da su madre olvidando agravios-, de su mujer, Midori vive con la culpa de no haber reconocido a su hijo tras el nacimiento-, de los niños -dura es la respuesta de Ryusei con un “me dices que te dé las buenas noches”-. Son muchas las lecciones que ese orgulloso arquitecto debe aprender, para poder pedir perdón, llorar, abrazar, jugar.

El tono didáctico y humanista salta a la vista desde el inicio de este melodrama, contraponiendo los ambientes familiares o dibujando caracteres tan encontrados como moldeables. En vano se esfuerza Keita en tocar el piano y contentar a su padre, y sin embargo no le costará nada sumarse a la convivencia con sus nuevos hermanos -no es baladí que se trate de una familia numerosa-; y en vano Ryota intenta doblegar a Ryusei para que le llamé “papá” pues él ya ha saboreado el placer de volar cometas con su padre. Koreeda sabe decir a través de este film que se puede rectificar y aprender de los errores, y lo hace con un tono poético, con una mirada comprensiva y sin amargura hacia el problema que tienen quienes entienden la paternidad como “una misión, quienes confunden el éxito profesional con la felicidad.

DICIEMBRE 2013 – LA BICICLETA VERDE

“La bicicleta verde” – 2012

Título original: Wadjda. Dirección y guion: Haifaa Al-Mansour. Año: 2012. Duración: 98 min. Género: DramaInterpretación: Reem Abdullah (madre), Waad Mohammed (Wadjda), Abdullrahman Al Gohani (Addullah), Sultan Al Assaf (padre), Ahd (Hussa). Estreno en España: 28 Junio 2013.

Wadjda es una chica de 10 años, hija única, que vive en las afueras de Riad, la capital de Arabia Saudita. Sus padres, Sultan y Reem, están pasando una crisis, en parte porque el padre reprocha a su mujer que no pueda concebir un hijo varón, algo imposible ya que en el parto de Wadja la madre tuvo complicaciones y quedó esteril. Reem hace todo lo posible por atraer a su marido, el cual, a lo largo de la película, se va distanciando de su hogar, hasta que finalmente las abandona y se une a otra mujer celebrando la boda con cierta repercusión social.

La parte más interesante de la cinta es el reflejo de esta sociedad conservadora vista desde el punto de vista de una niña que la acepta pero no la entiende. Así conocemos su entorno: su colegio y sus estrictas profesoras que tienen encuentros furtivos con sus amantes en mitad de la noche y que después inculcan a las niñas la importancia de no dejarse ver ni escuchar por los hombres. La pequeña Waad Mohammed da vida a la atrevida Wadjda, capaz de actuar en ese mundo con una enorme naturalidad, fruto de una personalidad marcada y atractiva que se manifiesta en multitud de actitudes y detalles. Wadja es divertida y emprendedora; le encanta la música ‘endiablada’ que viene de América; aparece vistiendo vaqueros y zapatillas de deporte y sin temor a dejar el pelo descubierto ante la vista de los hombres, y no se agobia ante la posible pérdida de dignidad y de honor por montar en bicicleta, algo establecido según las costumbres de la zona.

La trama de la película proviene de que tras una pelea con su amigo Abdullah, un vecino con el que no debería jugar, porque está mal visto, Wadjda descubre una bonita bicicleta verde que venden en una tienda cercana. Tiene una gran ilusión por lograrla, algo inaudito, por lo que su madre trata de disuadirla. Qué niño no ha soñado con un juguete imposible, desde naves espaciales hasta castillos con princesas y, en tantos casos, la imaginación y la fantasía han llenado el hueco de lo real. Pero aquí no es así, Wadjda, sólo desea lograr de verdad el juguete prohibido. Resultan encantadores sus malabarismos para conseguir dinero de aquí y de allá, su valentía, su inteligencia, su caradura y sentido del humor, su camaradería con el jovencito Abdullah. Es delicioso verle trajinar entre su casa, su escuela, su amigo, convenciendo al comerciante para que le guarde su bici –porque sabe que la logrará- y es que, a diferencia de otras niñas de su edad, no teme retar a nadie, y sabe expresar sus puntos de vista en todos los lugares, incluso en la escuela es capaz, algo inaudito en el ambiente, de mostrar discrepancias con la directora. Por conseguir la bicicleta verde buscará medios para lograr dinero, Pero ella está dispuesta a comprarla y audazmente pone muchos medios a su alcance, hasta participar concurso escolar sobre recitación y significado del Corán, algo más bien difícil, pues supone el reto intelectual y artístico de saber de memoria y expresarlo con el corazón y la debida la entonación y pronunciación adecuadas.

Se diría que hay una afirmación preciosa e incluso ingenua acerca de la verdadera de libertad, que es capaz de desafiar los usos y costumbres de una cultura muy determinada. La protagonista es fiel a su esencia mientras expone las vicisitudes de ser mujer en una sociedad habituada a soslayarla. Y, además, esta niña nunca tiene comportamientos irrespetuosos ni excéntricos; es un alma limpia y rebelde en busca de igualdad, en donde la bicicleta puede ser sólo un pretexto para explorar estas diferencias de sexo, y para expresar unos rectos sentimientos .

Con una sencilla puesta en escena y una dirección muy limpia y sin florituras, la directora del filme,  Haifaa Al-Mansour -primera mujer que dirige una película en Arabia Saudita- hace un retrato del mundo femenino de este país musulmán muy conservador, políticamente teocrático y donde se viven de un modo estricto las costumbres sociales respecto a las diferencias entre hombre y mujer. En ese trasfondo de sombras, en las costumbres y rigideces sociales de esa cultura, pero a su vez, pero también hay una nueva luz, una esperanza, que se gesta en las nuevas generaciones y en el amor que se puede dar entre dos amigos, para quienes una bicicleta es claramente un motivo de unión y no de escándalo. Nos ofrece una historia entrañable, personal y que invita a la reflexión, donde se aprende a saber diferenciar entre los límites de lo justo y lo prohibido. El movimiento de la cámara, el filme también refleja la inestabilidad de una realidad contemporánea Una bella música y hermosas notas emanadas de algunos personajes visten una historia con apuntes críticos y realistas, pero más que tener un tono contestatario “La Bicicleta Verde” es un canto humanitario y de libre albedrío. Una película valiente, en la que se convierte también el vehículo de dos ruedas en símbolo de libertad, de autoestima, de la persecución de un sueño. Y todo con una sencillez apabullante, con un guión medido, que incluye metáforas visuales muy logradas: las luces, la carretera, el árbol genealógico y … la bicicleta. Al-Mansour da una lección de narrativa, en su sabia definición de personaje, y una visión certera de una cultura y de una época.

NOVIEMBRE 2013 – AMOR Y LETRAS

“Amor y letras” – 2012

Dirección y guion: Josh RadnorPaís: USAAño: 2012. Duración: 97 min.
Género: Comedia dramática, romance.
Interpretación: Josh Radnor (Jesse Fisher), Elizabeth Olsen (Zibby), Richard Jenkins (profesor Peter Hoberg), Allison Janney (Judith), Elizabeth Reaser (Ana), John Magaro (Dean), Zac Efron (Nat).
Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

Esta comedia romántica, dramática, independiente y cautivadora ha sido escrita, dirigida e interpretada por Josh Radnor, al que se considera un nuevo y trascendente Woody Allen. La película trata de Jesse Fisher un joven profesor universitario de 35 años -acaba de separarse y no está muy centrado en su universidad neoyorkina- que viaja a la Universidad en la que estudió para asistir al homenaje de jubilación de uno de sus profesores favoritos, Peter Hoberg. Allí conocerá a una jovencísima universitaria de 19 años, Zibby, que no está a gusto con los chicos de su edad por considerarles inmaduros y faltos de autenticidad. Entre ellos surge una sintonía de la que afloran unos sentimientos que, al les ayudarán en su crecimiento personal.

Señala el crítico de cine Rodríguez Chico que no es infrecuente que haya quien, llevado por la insatisfacción, no se encuentre a gusto con su edad y trate de adelantar o retrasar el reloj de su vida. A veces, parece que nadie está contento con los años que tiene y que todos tratan de aparentar o comportarse con esquemas distintos a los que les corresponden. Esa es la situación en que se encuentran estos protagonistas. Ambos tratan de encontrar su lugar en el mundo sin recorrer un camino marcado por las normas y costumbres sociales, sino hacerlo de un modo más imprevisible en donde sus decisiones oscilan entre la juiciosa reflexión de él y el impulso emocional de ella. Ambos tratan de ser ellos mismos y de descubrir un entorno de convivencia donde puedan desarrollar sus cualidades y encontrar la felicidad, y ambos aprenderán a dejar su reloj en la hora que marca a la espera de nuevos encuentros propicios.

Son experiencias vitales con un punto de satisfacción y de dolor, donde el contacto con la música clásica o la literatura romántica pueden alentar un ánimo vitalista en quien lo vive o dejarle en un estado de desencanto al percatarse de la miseria de la condición humana. Viven una pugna entre su educación en las artes liberales y el impulso del corazón, sin saber a ciencia cierta si lo que necesitan es un argumento lógico y sensato de los que esgrime Jesse o un abrazo como el que Zibby pide en el salón de actos. Son individuos que caminan al borde del precipicio de la soledad porque están perdidos en un laberinto emocional.

Pero no son los únicos, porque el profesor Hoberg vive días de desorientación tras su jubilación y la falta de gratitud de los suyos, el estudiante Dean no encuentra en su preclara inteligencia ni en sus libros la lucidez para escapar a la depresión vital, el enigmático Nat deambula por un mundo de alucinaciones enajenantes, la cínica profesora Judith vive en la soledad más triste y empobrecedora, o la encargada de la librería no logra escapar del mundo ideal que los libros ofrecen.

Todos descubren esa parte de la realidad decepcionante y que merece la pena invertir tiempo en vivir la vida más que en leer sobre ella, que un best-seller de vampiros –Crepúsculo- puede tener su momento y traer más felicidad que un ensayo sociológico, que la música clásica o una carta escrita con pluma pueden darnos una humanidad que los recursos tecnológicos no aportan.

La puesta en escena es sencilla y fresca, no faltan los chispazos de humor inteligente ni los momentos de tierna y contenida emoción. El espectador encontrará una historia de amor entre dos almas que viven con el reloj alterado, que tratan de encontrarse en un mundo que no es el ideal pero que deben afrontar con la edad perfecta —la que tienen—.

Para el crítico J.J. Martín, lo mejor del filme y lo que da entidad a todo lo demás, es su sólido guión, riquísimo en referencias literarias y artísticas, sin atisbo de cinismo o frivolidad, y cargado con mucha emoción de verdad. A través de él, Radnor rinde homenaje a la profesión docente y a la buena literatura —“El mundo está tan mal porque la gente lee libros muy malos”, asegura su personaje— y, sobre todo, desarrolla una incisiva y sutil radiografía de la inmadurez afectiva de tantos jóvenes al tiempo que establece dos profundas coordinadas de la madurez: el autocontrol de los propios instintos y la apertura a los demás, incluido a Dios.

“En mi película —señalaba Josh Radner a Juana Samanes en una entrevista para “13TV”—, se muestra el contraste entre la hondura de la música clásica, los viejos poemas de amor, las cartas manuscritas… y la superficialidad del email, el facebook, el twitter… Es lo que mi personaje echa de menos de sus tiempos universitarios, y lo que recupera en cierta medida. El mensaje es que hay que vivir las cosas con más profundidad, con relaciones más personales, cariñosas e inocentes, que vayan más allá de la simple atracción sexual y del ansia por satisfacerla inmediatamente. Al revés de lo que es habitual hoy día, aquí propongo conocer al ser amado emocionalmente antes que físicamente”. Y concluía: “En muchas películas, el romance se describe desde la fantasía, como si todos los problemas se fueran a resolver a través del amor. Sin embargo, una relación real no es así. La vida real te enseña que debes mirar a través de los ojos de la persona amada. Eso no te ahorra el dolor, pero te abre una perspectiva más lúcida, de la que puedes aprender. Una buena relación es difícil, pero muy enriquecedora. Y eso me parece más real que cualquier clase de fantasía”.

Una película para volver a descubrir que el sentido entrañable y profundo de cada vida está al alcance de nuestras manos, de nuestras bibliotecas, de nuestra música, de nuestros amigos.

JUNIO 2013 – EL FESTÍN DE BABETTE

El Festín de Babette - 1987
“El Festín de Babette” – 1987

Año: 1987  – País: Dinamarca – Dirección: Gabriel Axel
Intérpretes: Stéphane AudranBirgitte FederspielBodil KjerJarl Kulle,Jean-Philippe LafontBibi AnderssonGhita Norby
Argumento: Karen Blixen (Relato “Skaebne-Anekdoter”)
Guión: Gabriel Axel – Música: Per Nørgaard – Fotografía: Henning Kristiansen

Además de ser la película preferida del Papa Francisco, en el veinticinco aniversario de esta película se ha restaurado su versión digital, y nuevamente ha sido un éxito en sala. Se narra que en una remota aldea de Dinamarca viven dos hermanas, ancianas ya, envueltas en la nostalgia de una lejana juventud, en la que su educación, profundamente puritana, las obligó a renunciar a toda posibilidad de ser felices. Solteras pues, viven en una digna austeridad, hasta que aparece entre ellas Babette, quien llega huyendo del terror de su natal París. Al poco tiempo tendrá oportunidad de corresponder a la bondad y al calor con que fue acogida. Un buen premio de lotería le permite organizar una opulenta cena con los platillos y vinos de la mejor gastronomía francesa. A esta cena son invitados los vecinos, todos fanáticamente puritanos. Aceptan ir, pero entre sí pactan no dar ninguna muestra de gozo o disfrute de lo que comen y beben, porque sería pecaminoso Sin embargo, es tal la fuerza seductora de las viandas que, poco a poco, en un ceremonial intenso y emotivo, van cediendo a la sensualidad que implica gozar de los prodigios de la cocina francesa. La cena termina en medio de contenida pero muy profunda alegría. Se ha despertado el calor humano que todos llevaban soterrado. Se da el milagro de hacer brotar la bondad humana a través del goce de los sentidos. Es una fina lección de espiritualidad. Babette no tomará nada de esa comida, en la que no sólo ha invertido su dinero, sino también su esfuerzo, y su imaginación, y su personal impronta; les ha dado todo lo que tiene con un espíritu libre y generoso, en una donación que es celebración.

MAYO 2013 – ANOTHER YEAR

“Another Year” – 2010

Dirección y guion: Mike Leigh.
País: Reino Unido. Año: 2010. Duración: 129 min.
Género: Comedia Dramática.
Interpretación:Jim Broadbent (Tom), Lesley Manville (Mary), Ruth Sheen (Gerri), David Bradley (Ronnie), Imelda Staunton (Janet), Karina Fernandez (Katie), Oliver Maltman (Joe), Peter Wight (Ken), Martin Savage (Carl), Michele Austin (Tanya), Phil Davis (Jack).

Mike Leigh convierte esta película de personajes y situaciones en un auténtico retrato de las bondades y debilidades humanas, sin caricaturas ni excesos, con emoción contenida. Es una obra maestra llena de sensibilidad y sencillez, en la que  Leigh puede ser nominado como un auténtico poeta de lo cotidiano, ya que sabe pintar  la normalidad como un fresco tan bondadoso en la superficie pero  complejo en su fondo de armario sentimental. Una franca, gozosa celebración de la vida en la que la invitación al sosiego y al amor  no olvida que, a la dicha, se llega salvando tortuosos obstáculos.

La película trata de un maduro matrimonio, Tom -ingeniero geólogo-  y Gerri -terapista ocupacional-  que son capaces de acoger a cuantos se acercan a ellos y de escucharles sus penas y fatigas… para ponerse a su altura con paciencia y cariño. Another year se estructura en cuatro estaciones: primavera, verano, otoño, invierno. Un año más, un año menos. Seguimos el  ritmo estacional en la vivienda de este matrimonio, a las afueras de Londres, y en cuyo escenario aparece el hijo que no acaba de encontrar novia, la inestable compañera de trabajo de Gerri, Ken el amigo tosco, y el hermano de Tom. Si se jugara a  repasar todo el reparto  de cada actor extraeríamos valiosas lecciones, pues la brillante dirección de actores tiene su réplica en unas interpretaciones acertadísimas, con gestos sutiles e ingeniosos, con diálogos rápidos e inteligentes en su elegante ironía. Cada personaje respira frescura y espontaneidad, y una hondura que cautiva a un espectador que engancha unas veces con sus debilidades y sinsabores, y otras con sus ganas de ayudar y de salir adelante.

El director logra con ritmo, armonía y color que la estructura de cada uno de estos capítulos se armonicen consiguiéndose  también la unidad de contenidos, que se anuncian en el magnífico prólogo. Frente a la soledad y la adversidad, Leigh sitúa la familia y el espíritu positivo… para crear un foco de luz que atraiga a todos hasta aprender a tener una conversación y dar un abrazo.Durante la primavera, se ocupan de su huerto y pasan las horas con Mary, cuya vida sentimental es desastrosa; además, están algo preocupados por su hijo Joe, un treintañero que sigue sin pareja pese a que la mayoría de sus amigos ya han contraído matrimonio. En el verano, Ken  amigo de la infancia de Tom, baja a Londres a pasar un fin de semana con el matrimonio: juegan a golf y organizan una barbacoa; Mary, que siempre que puede se va con el matrimonio, se mantiene gélida ante el inocente enamoramiento que surge en Ken. Llegado el otoño, Joe decide darles una sorpresa a sus padres y presentar a su chica, Katie, una terapeuta ocupacional  dinámica y encantadora. Mary, que antaño flirteaba con Tom, se muestra celosa y hostil hacia Katie. Por último, en invierno, Gerri, Tom y Joe llegan a Derby para asistir al funeral de la mujer del hermano mayor de Tom, Ronnie. Allí tienen un encuentro nada agradable con el hijo de Ronnie, Carl. En los siguientes días, Ronnie se traslada a casa de su hermano, a donde acudirá de nuevo Mary, en busca de consuelo. La acertada combinación de drama y comedia, tan propia de  Leigh, vuelve a estar aquí presente con este relato estacional. La paleta de colores corresponde a cada época del año, y en especial los grises desoladores del invierno acompañan muy bien la historia luctuosa, donde se atan los cabos para indicarnos que, pasado un año, la vida continúa, prometedora  y también  incierta. En Another year lo entrañable y la amistad se dan la mano con la soledad y con la muerte, que viene a ser un ciclo anual y así se refleja en la magnífica fotografía capturada por  Dick Pope. Quienes han bebido la amargura de fracasos -de los que todos tenemos experiencia- encuentran refugio en un par de almas grandes, capaces de ver el corazón y ofrecerse como paño de lágrimas de sus amigos.

Así es la película, enseña a construir una urdimbre humanizadora de ternura, de elegante ironía… en definitiva de hacerse cargo del otro para  acogerlo y acompañarlo, aunque para ello haga falta una cierta actitud heroica; una actitud que manifiesta la generosidad.

ABRIL 2013 – AMOR BAJO EL ESPINO BLANCO

“Amor balo el espino blanco” – 2010

Título internacional: Hawthorn tree forever. Título original: Shan zha shu zhi lian.
Dirección: Zhang Yimou. País: China. Año: 2010. Duración: 121 min.
Género: Drama, romance.
Interpretación: Zhou Dongyu (Jing), Shawn Dou (Sun), Xi Meijuan (madre de Jing), Li Xuejian (Zhang), Cheng Taishen (Sr. Luo), Sa Rina (tía).
Guion: Yin Lichuan, Gu Xiaobai y A Mei; basado en la novela “Hawthorn tree forever” de Ai Mi.
Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

Sinopsis:

En ocasiones, acudir a ver una película de cine se convierte en una experiencia entrañablemente humana y feliz. Es lo que ocurre con el drama romántico e intimista de Zhang Yimou Amor bajo el espino blanco.

Se trata de la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Aimi basada en un hecho real.

Nos sitúa en China, en la Revolución Cultural de los años setenta del siglo pasado; la nación está fragmentada alrededor del origen de clase y la obediencia fiel al líder, lo que crea un clima deprimente y temeroso. Nos cuenta la película la historia de Jing, una colegiala de la ciudad que aspira a ser maestra y sacar adelante a su familia, para ello  debe trasladarse a un remoto pueblo en la montaña donde será sometida a la reeducación. Su padre ha sido encarcelado por contrarrevolucionario y su madre lucha para alimentar a sus tres hijos. Jing sabe que tanto su futuro como el bienestar de su familia dependen de su buen comportamiento ante las autoridades y que es suficiente un pequeño error para arruinar su vida y, por tanto, la de su familia. Todo parece estar bajo control en su discreta vida diaria, en la que actúa con cautela y prudencia para no levantar ningún tipo de sospechas entre esas autoridades. Pero su vida se ve maravillosamente trastocada cuando surge el amor entre ella y Sun, el atractivo hijo de un militar de élite, que corresponde a Jin con inusitada delicadeza y pasión.

Debido a la diferencia social que les separa, un romance entre ellos es impensable; más aún, peligroso. El amor que entre ambos florece es limpio, profundo, apasionado y secreto.  Sun le hace una promesa: Te esperaré toda la vida, pues surgen una serie de acontecimientos que hacen preciso acogerse a esa manifestación de lealtad: Sun desaparece, Sun enferma, Jin duda, Jin sufre… y en el relato nos vamos integrando ante esa historia de amor romántico y de inocencia, y también ante la denuncia política y social que clama por la libertad y la dignidad.

Cualquier plano, cualquier secuencia  muestra una entrañable e idílica estampa llena de humanidad y emoción. Amor, política, educación y familia se tratan con un pudor y exquisitez que hacen que el espectador llore a gusto y se reconforte en lo más íntimo con estos amantes de Verona trasladados a la China de Mao, tal como ha expresado el crítico de cine Rodríguez Chico.

Un amor que merece vivir para siempre entre las raíces del Árbol de los Héroes, el Espino Blanco, superando las barreras de la política y de las tradiciones más férreas. Ese árbol que la pareja -ambos convincentes y conmovedores-sueña con visitar una vez más y que deviene metáfora de la felicidad anhelada. Amor bajo el espino blanco es un relato de amor trágico que se escribe con lenta seguridad, lleno de planos de embelesadores rincones en los que germina el enamoramiento con la complicidad de las miradas, de los gestos mínimos y las dudas que se abren paso en la silenciosa clandestinidad. Hay escenas indescriptibles de belleza, de inocencia y de sincera poesía: la entrega de la chaqueta junto al lago, cuando Sun toma por primera vez de la mano de Jin, ese atravesar el río cogidos con un palo, rica metáfora de la fragilidad y delicadeza del amor, etc.

Resulta fascinante la sensibilidad y buen gusto con que Yimou retrata a sus personajes, la facilidad con que les dirige hasta hacerles hablar con el silencio y la mirada, y lograr que compartan con el espectador sentimientos tan sutiles y profundos como frescos y auténticos. Todo en la vida de estos dos enamorados respira pureza y sacrificio, sinceridad y sencillez, ternura e ingenuidad. Una película entrañable y conmovedora, ideal para quienes busquen modelos del amor, también de dolor, tratados con la belleza de la verdad.

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