Hablemos de cine

Rincon de cine (1)

JULIO

“El cine no es solo arte; es ante todo diversión; es también industria y negocio.  Está necesariamente apoyado en la sociedad, no en mecenas, ni siquiera en minorías.  De estos caracteres se deriva no poco de su fuerza, de su realidad.  Hasta hace no mucho tiempo, los críticos y las organizaciones (festivales, premios, etc.) tenían un papel muy reducido.  El cine se fundaba en la actitud de los espectadores, y esta era de sinceridad e «inocencia»: se iba al cine porque gustaba, y la preferencia iba a lo que producía mayor placer y tenía más potencia diversiva.  Esto ha dado extraordinaria vitalidad y fecundidad al cine, capaz de aliviar la pesadumbre de la vida real, liberar al hombre hacia espacios imaginarios, permitirle volverse a situaciones irreales a la vez que le presenta realidades inaccesibles.  No olvidemos que las verdaderas raíces del cine se encuentran en su fabulosa capacidad de representación y recreación de la vida humana”.

(Julián Marías. Del Discurso del 16 de diciembre de 1990 en la  Real Academia de Bellas Artes de San Fernando).

JUNIO

Acerca del cine, y de la tv, etc. hay autorizadas opiniones. En realidad, concuerdan en que su papel no es tanto modificar la visión del mundo como completarla; lo que equivale a afirmar que es posible mejorar o empeorar la vida, según el modo de vivirla; es decir, en función de los modelos a los que copiamos e imitamos.

Giovanni Sartori, investigador en el ámbito de las Ciencias Políticas, entre otros, es autor del famoso libro – Homo videns, la sociedad teledirigida- nos advierte que el acto de ver no produce cultura, sino más bien debilitamiento de la capacidad de entender, con el peligro de crear personas empobrecidas, crédulas, inocentonas… lo que implica el triunfo del pensamiento insípido o la incapacidad de pensar. La palabra, afirmará, ha sido destronada por la imagen.

El poeta Pere Gimferrer, señala que el cine comparte con la literatura lo que el hombre tiene de gran enigma pendiente. Para él, el cine es un espacio privilegiado, como un lugar de encuentro de la palabra, del que de alguna forma procedemos, y del mundo de la imagen, en el que inevitablemente vivimos.

De Goya dijo el director de cine Carlos Saura que era el fotógrafo de su época…, a mí me gusta pensar que hoy sería director de cine.

MAYO

Queridos amigos: este mes nos puede ayudar situarnos en una de las panorámicas que puede descubrirse en el cine actual para comprender dónde estamos y adónde –O QUEREMOS IR-vamos con el cine que vemos. Para ello distinguimos:

-cine comercializado: se toma como un producto de mercado, industrializado. Los criterios que priman son negocio y audiencia (guionistas a los que se pide que escriban para lograr audiencia). Se valora lo novedoso. Las historias que busca son las de proyección sociológica, lo candente, para que pueda interesar a un público cuando más amplio mejor.

-cine independiente: es cine como medio para explorar nuevas formas narrativas, manifestar preocupaciones culturales y artísticas; detrás de este cine hay “autores consagrados”. Como suele salir cara, cuentan con menos medios.

-cine americano típico: sin señalar que todo cine americano esté en este grupo, hay una gran número de películas que en definitiva surgen del esquema dramático de Aristóteles y del teatro (la gran tradición teatral de Broadway); se pone el acento en las historias que cuenta, que son en tres actos: principio, desarrollo y final; los finales suelen estar cerrados.

-cine europeo clásico: es el cine que no se centra en gran parte las “incoherencias” del mundo real, para hacer pensar. Suele dejar en las películas el final abierto para que el espectador tenga que pensar; los personajes y la historia tienen peso y es un cine cultural.

Sabiendo ver cine, de cada tipo de esta clasificación se pueden obtener valores para mejorar a la persona, que es lo que siempre deseamos y nos proponemos.

ABRIL

ACABO DE DESCUBRIR ESTE ESTUPENDO LIBRO. CREO QUE ACIERTO SI ESTE MES, EN “HABLEMOS DE CINE”, OS LO RECOMIENDO.

Guía fácil para entender el cine.
Un viaje por los géneros cinematográficos
27/03/2014
[Jose María Caparrós – Vicepresidente de CinemaNet]
Estamos ante un libro tremendamente útil y necesario. Como anuncia su título, se trata de una guía para comprender el séptimo arte, escrita por un teórico de categoría: Julio Rodríguez Chico.
Autor de un revelador estudio sobre la gran trilogía de Kieslowski, Azul, Blanco, Rojo. Kieslowski en busca de la libertad y el amor (2004) y de trabajos tan agudos como El cine polaco en la Seminci (2008) o Woody Allen y la tristeza de sus personajes (2014), Rodríguez Chico (Gijón, 1964) es licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y Máster en Historia y Estética de la Cinematografía por la Universidad de Valladolid. Reconocido crítico de cine de la revista La Butaca, sus reseñas evidencian una profundidad filosófica no habitual en el mundo del arte de las imágenes.
Por eso, este libro tiene la virtud de haberse abajado al servicio del lector, del gran público, sin perder el tono antropológico que le distingue como autor.
En Guía fácil para entender el cine, acomete una amplia panorámica por la historia del cine mudo y sonoro –con apartados titulados “Balbuceos de un lenguaje y de una industria”, “Comienzos del cine clásico americano”, “La comedia musical americana”, “Cantando el amor eterno de Romeo y Julieta” y “Dogma 95 se acuerda de América”-, para seguidamente tratar en profundidad lo que también anuncia el subtítulo de su obra: Un viaje por los géneros cinematográficos: desde el western hasta el cine de animación, pasan por su análisis crítico el suspense, la ciencia-ficción, las aventuras, el terror, la comedia y el drama, el cine negro y el thriller, el cine político y social, el histórico y religioso o el cine documental.
Por tanto, no falta ni sobra un apartado, ningún aspecto del séptimo arte; al tiempo que destaca las películas clave de cada género, tras reseñarlas también en profundidad y ofrecer otros títulos recomendables. El libro se cierra con un sugerente “último plano” y una bibliografía sumaria.
Una reserva tenemos que poner a su cuidada edición: la demasiado popular cubierta. Pero el contenido de esta excelente Guía para entender el cine es una lección para el público lector que se acerque al séptimo arte no sólo con ánimo de aprender sino también de deleitarse.

FEBRERO

El genial poeta y periodista Eugenio Montes decía que el cine es la catedral del siglo XX, aunque concluía que no era un elogio para este siglo, sino una nostalgia para la catedral. Pienso que también llevaba razón en su primera frase: el cine visto “como catedral”, porque es una ocasión para buscar la verdad. En la Catedral se puede estar con la Verdad, con Dios, y hasta sus grandes muros y sus espléndidos estilos, pueden esculpir la voz de Dios y, por supuesto, que la iglesia, como casa de Dios, no se suple. Pero, simbólicamente, este nuevo tipo de catedral, puede elevar a la persona, y encenderles y descubrirle los infinitos anhelos de su corazón a través de un buen argumento, un mejor guión, una banda sonora, una técnica cuidada. Como siempre ¡hay que saber elegir y saber ver!

ENERO

Vivimos ¿intensamente? ¿Con stress? ¿Nos sobra tiempo? ¿O nos falta? Seguramente de todo un poco. Quizás nos ayude caer en la cuenta que el tiempo es el bien más democráticamente repartido: en parte cualquiera dispone todo el mundo dispone de él en su totalidad. El tema es pero ¿qué hacemos de nuestro tiempo? Lo importante es saber aprovecharlo ¿Cómo? de acuerdo con nuestros intereses, con el ambiente cultural que nos rodea y con la ayuda que podemos prestar a todo el mundo. Ver cine requiere cierto tiempo, menos que leer un libro (probablemente también influye mucho menos); pero vale la pena sacar tiempo para hacerlo; además se pasa muy bien. Durante tiempo –ya más de un siglo- guionistas, directores, intérpretes, técnicos, han logrado, elegantemente, disimular la complejidad de lo real y, a fuerza de talento, se han elaborado películas accesibles al público medio; unas conmovedoras, otras denunciadoras, otras divertidas…en definitiva, han hecho del cine casi un instrumento de felicidad. Sepamos agradecerlo y descubrirlo ¡vamos al cine!

DICIEMBRE 2013

Tal como señala el filósofo Guerra[1] el destino de la inteligencia puede ser formulado de muchas maneras. El mal no devela la verdad, porque el mal es una realidad deficiente y violenta que destruye y contamina la mirada. El bien, lentamente asimilado, es el que convoca a la inteligencia a su destino, y cuando esta lo encuentra, entonces se goza en él y lo reconoce como algo bello.  Pues la  verdad está ahí, en las cosas, en las personas, pero su inmediatez no significa que sea un tema de fácil conquista. Al contrario, la verdad, es un bonum arduum, es un bien arduo, que siempre requiere de algo más que una perspicaz inteligencia para poder develarse ante nosotros en su integridad. Y más aún cuando lo que se intenta es  no sólo desvelar la verdad sino vivirla.  La persona humana  posee una tensión estructural que no puede ser cumplida por la propia naturaleza de la que brota; nunca desaparece el desequilibrio entre lo que se anhela y lo que se puede.  Y para disminuir ese desequilibrio contamos con diversas herramientas. Una de ellas es el buen cine y los buenos  directores que  con sus obras  espolean  las conciencias; el arte se convierte en un deber orientado a la plenitud personal y social. Sírvanos de de  botón de muestra lo que dice el director de cine Iñaki Arteta “Pienso que los que nos dedicamos al arte debemos intentar oponer el lenguaje humano a la ideología, recuperar la capacidad de imaginación y recordar al hombre en su origen, su verdadera situación, su destino como humano. Aunque todo a nuestro alrededor parezca destinado a propiciar el conformismo y el olvido, siempre existe un espacio para el compromiso con lo incómodo, con lo que hace vibrar nuestro detector de la verdad”[2].

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[1]  Guerra R. A propósito de la conferencia  sobre  <Separatio. Bases noéticas para una metafísica no racionalista>  Universidad panamericana, México 2006.

[2] Arteta I en NUESTRO TIEMPO, núm.646, 31, 2008

NOVIEMBRE 2013

El papel del buen cine no es tanto modificar la visión del mundo, sino completarla. Por ello sirve películas de siempre y cine futurista; narración, efectos especiales o esperpénticos; arte y técnica.

Veámoslo en  Kieslowski; este director ha sido  llamado el retratista ético del cine. Su carisma es que no decía grandes cosas, sino lo esencial; investigaba los más recónditos aspectos del amor, de la muerte, de los valores universales. Su investigación se realiza en la elegancia; a veces la cámara permanece a menudo en el rostro del personaje, porque para el director ese rostro es tan expresivo como una bomba. Hacía cine no para dar respuesta, sino para hacer preguntas: ¿Qué es lo que se ve? ¿Qué pasa con el frío, está más cerca de la muerte o de la vida? Respuestas paradójicamente cercanas y lejanas.

JUNIO 2013

Ir al cine se presenta  como entretenimiento, lo que aparentemente lleva a calificarlo como un arte menor. Pero junto a la sencillez de pasar un buen rato, puede ser también el encuentro con las personas, con uno mismo, con las cosas, con el arte; ocasión de admirar, de contrastar, de convivir con ideales y modelos de vida que esculpen el tiempo y a nosotros mismos, por impregnarnos la complejidad de argumentos, de interpretaciones, de la puesta en escena, de tantos aspectos que reflejan la realidad viva que nos atañe.

Incluso puede ocurrir que si una película tiene valor estético, nos atraerá mejor por las interconexiones poéticas que se salen de la realidad; si, además, entraña un modelo ético, nos mostrará unos significados para que en lo ordinario descubramos tantos pequeños extraordinarios que son los que nos humanizan y hermanan. Cine como escuela complementaria de la bondad y de la belleza que anhela toda persona.

Desde esta perspectiva se puede considerar el cine como un espacio privilegiado, un lugar de encuentro de la palabra, del que de alguna forma procedemos, y el mundo de la imagen, en el que inevitablemente vivimos. En este sentido, el papel del buen cine no es tanto modificar la visión del mundo, sino completarla. Los soportes cinematográficos facilitan “dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas”, tal como veía Aristóteles el significado del arte.

MAYO 2013

Querámoslo o no, los medios de comunicación casi pontifican la opinión pública, casi mediatizan los modos de vida o, al menos, presionan  en parte nuestra vida familiar y social. Se han convertido en una ruta tradicional de nuestro caminar en el mundo de las ideas. Cierto es que un libro y la reflexión personal pueden tener mayor fuerza en nuestra formación, aunque sea porque nos vemos forzados a usar la imaginación. Pero la realidad es que vivimos más de lo que vemos, de las redes, de los atajos.

El buen cine es un atajo. Si, un paseo lleno de sensibilidad y de reflexión para la comprensión de la persona. Con el lenguaje del símbolo, de la acción, de la imagen se esculpe el amor, el sufrimiento, las relaciones humanas. Por ello, puede el cine  ayudarnos  a desvelarnos un poco mejor el rostro de lo humano.

Una película bien elegida y comentada no tiñe de colores virtuales la realidad, sino que puede colaborar para saber detenerse más sosegadamente en lo importante de la vida cotidiana y, con su riqueza expresiva, con su técnica, proporcionar vivencias que nos  lleven a  la  reflexión personal y al diálogo.

Los grandes interrogantes de la vida no pueden resolverse sesgadamente; se necesita un pool de conocimiento, de amor, de respeto hacia la persona que es, que siempre debe ser, el mejor punto de referencia. Vamos a buscarla también en el cine.

ABRIL 2013

En 1907 Edmond Benôit-Evy, con el pseudónimo de Francis Moir, publicó un sorprendente artículo en Phono-Ciné-Gazette al que corresponde el siguiente fragmento: “¿Qué es una película? ¿Es sólo una mercancía corriente que se puede comprar y usar como uno quiera? No, y a causa de creerlo así la industria del cine ha llegado a su crisis actual. Una película es un “único bien artístico y literario”.

Se ha dicho que el buen cine es un producto síntesis: recoge en sus imágenes la tradición pictórica, plástica y teatral del pasado; integra los logros sonoros de la radio, los luminosos de la fotografía, los verbales de la literatura y del teatro, y el encanto de la música. Desde esta visión, en lugar del séptimo arte se podría afirmar que es el compendio de todas ellas. El cine puede pretender la profundidad de la poesía, lograr la imagen estática de la pintura, simular las tres dimensiones de la escultura, establecer el hábitat de la arquitectura a través de la recreación de escenarios materiales y humanos, mostrar el diálogo de la novela y el movimiento del teatro. Estamos ante una de las modalidades artísticas más influyentes. Por todo ello, el cine también puede ser un reproductor fiel y fascinante de la vida humana en todas sus facetas.

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